Vale, hoy es día de los inocentes y se permite el ji-ji-ji, ja-ja-ja pero ayer no. Y, además, con las ilusiones consoleras de un niño de 13 años no se juega. Más que nada porque cuando tienes esa edad, o eres hijo de casa buena, o has tardado ocho años en reunir 500 dólares y has pasado de soñar con una Dreamcast, a querer la Play, la 64, la Cube, la ‘Playdós’ y, ahora ya, la Playstation 3.
Así que pongámonos en la piel del protagonista de esta historia, un adolescente americano, que, después de ocho años casi viviendo en casa del vecino ‘el de la Play’, había conseguido el dinero suficiente para convertirse en un niño con consola. Vayamos al grano: cuando el niño regresó de la tienda con su supuesta Sony PS3 bajo el brazo, abrió la caja y encontró una bonita guía telefónica dentro. Imaginaros su cara... Muy bien, señor tendero, se habrá quedado a gusto... ¡Eso sí que es una buena inocentada!
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