Reflexiones televisivas (Parte 1)
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Vamos a valorar como está de salud la televisión actual
Hoy, en un ataque por salvar el mundo sin precedentes, he decidido hablar un poco de la televisión actual. No veo mucha tele. No porque no me guste, todo lo contrario, la tele me encanta, sino porque creo que no dan nada bueno en la pequeña pantalla. En los últimos años hemos visto un claro declive en la programación habitual de las principales cadenas. La aparición de dos nuevos canales nacionales, y la llegada de la TDT, ha abierto un sin fin de posibilidades que, de momento, no han sido aprovechadas. Series horrorosas, programas del corazón, realitys Shows, concursos infumables y mucha otra basura inunda la televisión de cada día. Pero no todo es tan negativo, aún hay algunos programas que mantienen el tipo y siguen dando muy buenos momentos delante de la caja tonta. Después del salto, y sin que sirva de precedente, mi más modesta opinión sobre la televisión actual.
Como el buen periodista que no soy, miraré de ser claro, coherente y conciso: la televisión actual es una mierda. Dicho esto os expongo el porqué. La televisión está invadida de programas infumables, series horrorosas y reportajes clónicos unos de otros. La programación diaria está rellenita de series malas a más no poder. Física o Química (que por suerte ya terminó) era una serie juvenil, con toques de falsa modernidad, que se parecía horrores a Compañeros, Un paso adelante o cualquier otra serie para adolescentes que haya pasado por la tele. Aida o la familia Mata, sin ser iguales, son las típicas series de situación, popularmente conocidas como SitComs. Cogen una fórmula que funciona, la adornan con personajes distintos y ¡Ale!, ya tenemos serie. También hay series que intentan huir de lo convencional para hacer algo más americano, y con un resultado final más vistoso. Por ejemplo El Internado (y en menor medida Herederos). El problema es que estamos en España, y, lamentablemente, no sabemos hacer las cosas como en Estados Unidos. El Internado, por ejemplo, no era una mala serie hasta que vimos su espantoso episodio final, desvelando un hilo argumental absurdo e imprevisible que no convenció a nadie. Lo que decía, que el nivel de las series españolas es francamente bochornoso.
Las series son bochornosas, cierto. Pero hay una cosa aún peor que las series en la televisión actual: Los Realitys. Esta moda empezó hace 10 años con Gran Hermano que, indudablemente, cambió el formato de televisión (a día de hoy aún estamos sufriendo sus efectos). Los dos primeros años de Realitys estuvieron bien, porque la novedad causó un gran impacto. Pero ahora, 10 años después, la novedad se ha perdido, y los realitys sólo sirven para crear abono para los programas del corazón, que casualmente han sido los programas más beneficiados de este tipo de programas. Gran Hermano, Confianza Ciega, El bus, Gran Hermano Vip, Hotel Glam, Supervivientes, La isla de los famosos, Operación triunfo, Factor X, Tu si que vales, Circus… Han sido muchos los programas de este estilo que han desfilado por nuestras pantallas durante estos 10 años, tantos que de la mayoría ya ni me acuerdo. De hecho sólo seguí los dos primeros Gran Hermano y un Operación Triunfo, el resto me parecen totalmente prescindibles. Y más después de ver la gala final de Gran Hermano 10 de la semana pasada. Fue espantosamente ridícula, sosa y descafeinada. Sinceramente, estos programas deberían de acabarse ya. La cosa no da para más…
Hoy ya me he alargado lo suficiente, mañana volveré al ataque comentando los concursos horrorosos y los programas del corazón. Me guardo por la tercera entrega las alabanzas a los programas bien hechos, que alguno queda…
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