Fito le firmaría autógrafos hasta a las macetas. En el cortísimo camino del hall del hotel hasta su habitación es tímidamente asaltado por varios empleados que le piden una firmita. Para mí hija, dice uno; para mí, para mí, dice el otro. Fito firma y hasta se marca una auto-caricatura, y charla. Queda claro que le encanta el contacto con la gente.
Después de cinco discos, en una trayectoria claramente ascendente culminada en la gira con Andrés Calamaro, llega el sexto. ¿Es un momento de vértigo?
Sí, claro que hay vértigo. A partir de ahora es justo cuando llega el vértigo. Porque cuando estás haciendo las canciones, cuando estás en casa con la guitarra, tocando, probando, es algo que llevas haciendo desde hace 20 o 30 años... ahí todavía no existe nada, no hay disco. No tienes la sensación de que lo va a escuchar nadie. Pero ahora, ahora que llega el disco, es diferente, sobre todo por todo lo que pasa a tu alrededor, y por cómo tu entorno te acaba haciendo partícipe. Se te contagian un poco los nervios, las expectativas.
En la primera canción dices: "No voy a sentirme mal si algo no me sale bien, he aprendido a derrapar y a chocar con la pared"
Es que también tengo muy claro que a mi disco yo ya no le pido nada. Lo que me queda son los conciertos, que son la recompensa.
Pasa a la siguiente página para seguir con la entrevista.
Sin comentarios todavía