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El equipo azulgrana ha entrado en una crisis de juego y resultados lejos del Camp Nou. Lo más preocupante sigue siendo la actitud de algunos jugadores y la mala imagen como equipo.

Este Barça no funciona. El equipo está lejos de su mejor nivel, no encuentra su fútbol, tiene escasas variaciones tácticas, los cracks no rinden y la actitud es inaceptable. El Getafe, como ya ocurriera en la Copa del año pasado, ha colmado el vaso de la paciencia de la afición culé. Se exigen responsabilidades en todos los estamentos. Nadie se libra de la quema, desde Laporta hasta el último de los jugadores en plantilla.

¿Qué le pasa al Barça? Tácticamente es un desastre. Previsible y con escasas variaciones, Rijkaard no ha modificado su sistema de juego pese a los malos resultados lejos del Camp Nou. Además, no se ha atrevido a quitar a las 'vacas sagradas', como Ronaldinho o Henry, pese a que estaban y están muy lejos de su mejor momento de forma. El Barça no funcionó contra el Betis, aunque ganó, ni contra el Glasgow, al que también ganó y se estrelló contra el muro que le planteó el Valladolid o el Osasuna. Además, Villarreal y Getafe le dieron un baño de juego y, sobre todo, de actitud.

Rijkaard no es el único culpable. Laporta sabe desde junio que el entrenador cuenta con una plantilla desgastada. Ronaldinho y Eto'o encendieron la mecha el año pasado, dejando al descubierto las carencias de un vestuario roto. El problema no es que haya clanes, es que esos desencuentros perjudiquen al juego del equipo. Y Laporta lo sabía. Y Rijkaard exigió en junio que para continuar debía echar a Ronnie o a Eto'o. El presidente le aseguró que así se haría, pero la presión mediática prevaleció sobre el sentido común. El Barça carece de proyecto, porque Rijkaard es un entrenador con fecha de caducidad y porque los cracks (los que cobran como cracks) no se entienden. Mientras tanto, la mal llamada 'clase media' se harta de correr en cada partido con idéntico resultado. Un día, más pronto que tarde, se cansarán.

El caos es total. Puyol ataca directamente al vestuario. Puede hacerlo, lleva los galones del equipo y suda sangre en cada partido. Nada que objetarle. Eso sí, ha encendido la luz de alarma, es un toque de atención severo. O todos reman en la misma dirección o los títulos no llegarán. No hace falta señalar a los culpables del bajo rendimiento de la plantilla. Basta con mirar 15 minutos de un partido para ver quién ejerce la presión, quién sigue su marca, quién hace coberturas o quién busca balones al espacio.

Mientras las estrellas quieran el balón al pie, el Barça seguirá en el suelo, mientras en el cielo las nubes se cierran cada vez más. El futuro no es negro, es blanco, que es mucho peor para los azulgrana, ya que el Real Madrid sigue escalando. No practica un gran fútbol, pero saca adelante sus partidos a base de garra. El Camp Nou necesita un cambio de rumbo, pero lo necesita ya. La afición no debe entender que el Barça de Ronnie, Messi, Henry, Deco y compañía se vaya de vacío. Sería inaceptable. Que se busquen responsables a final de temporada, ahora a sudar la camiseta.

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